lunes, 19 de febrero de 2018

En Las Tunas prevén aumento en la extracción de oro (+Video)

Un conjunto de piscinas y varias instalaciones conforman la mina de oro al aire libre de Jobabo, la que posee reservas para 10 años o más de explotación. Foto: Tiempo 21
LAS TUNAS.- Unos 111 kilogramos de oro prevén extraer durante el año 2018 los trabajadores de la mina Golden Hill, del municipio de Jobabo, en la provincia de Las Tunas, según Geomel Vila Placeres, director de la Unidad Empresarial de Base.
Precisó el funcionario que para ello están garantizados todos los insumos materiales, desde la tecnología requerida, las sustancias químicas para la producción del metal y un equipo conformado por más de un centenar de obreros, en su mayoría residentes en zonas cercanas.
Geomel Vila Placeres, director de la Unidad Empresarial de Base Golden Hill, de Jobabo. Foto: Tiempo 21
A su juicio comenzaron bien este calendario pues se cumplió el plan del mes de enero, y la idea es acelerar las labores para estar en mejores condiciones cuando inicie la temporada ciclónica.
Precisamente el embate del huracán Irma fue una de las causas por las que no se pudo obtener lo previsto en el 2017, pues las intensas lluvias provocaron la inundación del yacimiento con mayores reservas auríferas.
El pasado año también se limitó la extracción de oro solo al 96,7 por ciento del plan por la labor inversionista que concluyó en el primer trimestre, en la que se mejoró el procesamiento de residuales con la consiguiente disminución de los índices de vulnerabilidad.
Para garantizar la protección del entorno, en la principal reserva de oro del territorio tunero se organizó un plan de monitoreo medioambiental que evita impactos negativos al entorno desde el área de concesión hasta la presa El Lavado y con ello se protegen tanto las aguas superficiales como subterráneas.
Los antecedentes de la actual mina de oro del territorio jobabense se remontan a la época de la colonización española y se han reportado yacimientos de oro en los depósitos de Little Golden Hill, Big Golden Hill y Trhee Hill, con reservas para más de una década de explotación.
En el año 2004, a partir del financiamiento de un proyecto de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, se decidió el rescate del lugar, teniendo en cuenta los precios de comercialización del producto a nivel internacional.

La devaluación del peso cubano y el precio de la comida: el caso del arroz

Por Pedro Monreal, El Estado como tal

¿Qué ocurriría a corto plazo con el precio del arroz vendido en los mercados no subsidiados en Cuba si se devaluase el peso cubano (CUP) desde su tasa oficial actual de 1 USD = 1 CUP hasta una tasa de cambio unificada en el rango de 1 USD = 20 a 25 CUP? La respuesta breve pudiera ser “nada”. Habría posibilidades de mantener el nivel del precio actual.

¿Qué sucedería a corto plazo –dado ese nivel de devaluación- con el monto del subsidio que el presupuesto nacional debe asignar para subvencionar el arroz que se distribuye por la “libreta”? Igualmente, la respuesta breve pudiera ser “nada”. En la medida en que el referente para calcular el subsidio es el precio “liberado”, si este no se modificase, no aumentaría el monto del subsidio.

Si se adoptase una tasa unificada y se mantuviese el precio del arroz “liberado” a 4 CUP/lb, ¿qué pasaría con el mecanismo para subvencionar el arroz de la “libreta”? La respuesta corta es que en la medida en que la devaluación se aproxime al nivel de 1 USD = 20 – 25 CUP, habría que buscar nuevas fuentes de financiamiento para subsidiar el precio del arroz de la “libreta”. Con esto, comenzaría a existir un problema.

¿Existiría un mecanismo alternativo -diferente a las posibles combinaciones de tasas de cambio y niveles de subsidio- que fuese capaz de proteger de manera más confiable el poder adquisitivo del consumidor? La respuesta concisa es que habría que aumentar la producción nacional de arroz, algo que se vería favorecido por una devaluación y que debería decidirse en el sector privado, responsable actualmente del 65% de la producción nacional de arroz. No sería un proceso de corto plazo, aunque pudieran registrarse mejoras parciales de manera relativamente rápida.

Este artículo intenta explorar las tres primeras preguntas. La cuarta -relativa a la producción- será abordada en un próximo texto.

¿Dónde dar el “primer paso”?

Una de las cuestiones que parecen ser más controversiales respecto a la unificación monetaria y cambiaria en Cuba es la identificación de la esfera donde debería darse el “primer paso” del proceso. He expresado anteriormente la importancia de empezar el proceso creando las condiciones básicas para el establecimiento de un dinámico sector cooperativo y privado que pueda integrarse eficazmente con la empresa estatal. Me refiero a la eficacia real de esa integración. En la producción concreta, no en los papeles ni en el discurso.

Aprovecho el reciente artículo del Dr. Jorge Barrera para llamar de nuevo la atención sobre el tema pues en ese texto se ubica el “primer paso” en la esfera monetaria- financiera del sector estatal. Específicamente, se propone la modificación del tipo de cambio actual de 1 CUC por 1 CUP en la contabilidad de las empresas estatales, al unísono con una reforma de precios interempresariales. (1)

Comparto la preocupación de Barrera y de otros colegas respecto a la posibilidad de que una devaluación de la moneda nacional, con su posible secuela alcista en los precios, pudiera depreciar potencialmente los salarios reales y las pensiones del país, con el consiguiente impacto social negativo sobre el bienestar de las familias cubanas y su posible efecto nocivo para la estabilidad política del país y para su seguridad nacional.

No comparto, sin embargo, la propuesta de que la desconexión entre la devaluación monetaria y la depreciación salarial deba hacerse fundamentalmente mediante una cuña de subsidios estatales que se mantuviese a largo plazo. Aduce el Dr. Barrera que esa desconexión sería posible gracias a la capacidad gubernamental para manejar las relaciones monetarias y financieras de las empresas estatales, al punto de poder “aislar totalmente las relaciones de las empresas con las personas naturales”.

En esa lógica, el subsidio o subvención sería el complemento de aquel “primer paso” en la esfera monetario- financiera consistente en una combinación de ajuste de la tasa de cambio oficial (devaluación) y de la gestión de precios interempresariales. Posteriormente se continuaría el proceso mediante una reforma de precios minoristas y una reforma salarial.

Los límites de la operación estatal en la producción nacional de arroz

En la agricultura cubana, las modificaciones de los precios interempresariales del sector estatal no permiten llegar muy lejos para resolver cuestiones relativas a la producción. Por otra parte, un subsidio para reducir los precios de lo que se distribuye por la “libreta” serviría para paliar el síntoma del problema, pero no para solucionar la causa del problema.

Cuando se trata de discusiones sobre el precio de la comida en Cuba –específicamente la de origen agrícola- conviene destacar y repetir algo obvio, pero que parece ser insuficientemente reconocido: el principal suministrador nacional de comida es el sector privado.

En ninguna otra área importante de la economía nacional tiene el sector privado nacional tanto peso. En ninguna otra área importante de la economía nacional –con la excepción de la producción pecuaria- son tan amplias, intensas, complicadas y cambiantes, las relaciones entre lo estatal, lo cooperativo y lo privado. (2)

Los productores privados aportan el 83,9% de las frutas, el 75,6% de las viandas, el 75,5% de las hortalizas, el 72,9% de los frijoles y el 64,8% del arroz. (3)

Si a lo anterior se agregan las cooperativas, el aporte total es aproximadamente igual o superior a 80% en todos los rubros citados.

Con ese tipo de estructura productiva y, teniendo en cuenta que el 56% de la superficie agrícola del país no se cultiva, no parece ser racional plantearse un “primer paso” por fuera de la producción no estatal, especialmente de la privada. O se prioriza la producción del sector no estatal, o no habrá suficiente comida en el país.

Si a lo que se aspira es a evitar alzas de precios agrícolas en condiciones de una eventual devaluación de la moneda nacional la única respuesta sostenible es un incremento en la producción nacional del sector privado y del cooperativo. No es lo mismo devaluar la moneda cuando se dispone de un sector privado y cooperativo con capacidad para responder rápidamente a los cambios de competitividad internacional que entrañaría una devaluación (la producción nacional se haría más competitiva respecto a las importaciones) que cuando no se dispone de tal capacidad y, por tanto, tendría que continuar importándose alimentos encarecidos (en CUP) por la devaluación.

El arroz como caso de estudio para la devaluación del CUP

El ejemplo del arroz citado por el Dr. Barrera en su artículo es probablemente el mejor caso que pudiera tenerse a mano para tratar de explorar la posibilidad de que los precios actuales de alimentos claves del consumo popular pudieran ser protegidos del efecto de una devaluación del CUP.

El arroz es un producto de alto consumo en Cuba que, en muy alto grado, ya se distribuye mediante mecanismos normados, a precios subsidiados. Además, registra un alto peso de importaciones (aproximadamente el 66% del consumo), se beneficia de un nivel muy elevado de subsidios para la sustitución de importaciones (1 497 millones de pesos), y la producción nacional es mayoritariamente generada por productores privados (64,8%). (4)

Las cifras más recientes indican lo siguiente:

Ventas de arroz de consumo- toneladas métricas (t)

Ventas de arroz en la circulación mercantil minorista (5) (2016) 499 400 t
Ventas de arroz en la circulación mayorista (6) (2016) 142 000 t

Producción nacional de arroz

Producción nacional de “arroz cáscara húmedo” (7) (2016) 514 045 t
Producción nacional equivalente de arroz de consumo (2016) 257 000 t

(Factor de conversión de 50% respecto al tonelaje de “arroz cáscara húmedo”). 
Nota: En sentido estricto, una parte de ese tonelaje no va al mercado porque tiene otros usos (semilla, unidades militares, autoconsumo de productores)

Importaciones de arroz

Importación de arroz de consumo (8) (2016) 541 670 t

Esto significa que las importaciones representan la mayor fuente de suministro de arroz para el mercado interno cubano, estimándose que cubren el 66% de la demanda de arroz del país. (9)

Una nota de interés respecto a las importaciones es la manera en la que actualmente se “traducen” los precios en dólares del arroz importado en precios “liberados” en CUP en el mercado interno.

Precio promedio por tonelada métrica (t) en 2017

A Arroz importado (Vietnam) (10) 372 USD/t
B Arroz en el mercado “paralelo” (11) 8 800 CUP/t
C Coeficiente del precio en CUP en relación con el precio en USD [C = B/A] 23,65

En términos gruesos, el coeficiente sería el equivalente a la aplicación de una tasa de cambio de 1 USD = 23,65 CUP. (12)

Para redondear, pudiéramos adoptar un coeficiente de 24, el cual –coincidentemente- es igual a la llamada tasa de cambio de CADECA (1 USD = 24 CUP) que se utiliza en el mercado minorista de cambio de monedas en Cuba. (13)

Oficialmente, el coeficiente que resulta de esa “traducción” no habría sido el efecto de aplicar la tasa de CADECA. No es lo que técnicamente habría ocurrido pues la tasa oficial que utilizan las empresas estatales (importadoras y distribuidoras) es la de 1 USD = 1 CUP, pero la “traducción” de precios indica que, en la práctica, las empresas estatales operan con precios en CUP que se encuentran significativamente distanciados de los precios en CUP que deberían resultar de la tasa de cambio oficial.

Es precisamente esa elevada “traducción” de los precios internacionales del arroz en sus precios en CUP en el mercado interno “liberado” estatal lo que explica la necesidad de un subsidio, específicamente del arroz que se comercializa a través del mecanismo de distribución conocido como “libreta” de abastecimiento.

En principio, pudiera hablarse también de un excedente de ingresos para el sector estatal, el cual es el resultado de la diferencia entre el precio de la tonelada importada y del precio de la tonelada comercializada de arroz “liberado”, calculados ambos precios en CUP utilizando la tasa oficial de 1 X 1. El excedente seria de 8 428 CUP por cada tonelada de arroz importado que se comercializara en el mercado “paralelo”. (14)

Ese excedente –en lo fundamental- no es retenido por la empresa estatal y se supone que se compute como un ingreso del presupuesto nacional. En esa lógica, pudiera contribuir a formar el fondo presupuestario que serviría para financiar la subvención al arroz de la “libreta”.

Es decir, la “traducción” de precios de la tonelada de arroz importado tendría dos efectos: en primer lugar, al incidir en la oferta que nutre mercados de venta “liberada” de arroz, interviene en la formación del precio en esos mercados, que es el referente para poder calcular el nivel de subsidio. En segundo lugar, el excedente de ingresos derivado de esa “traducción” -un excedente que pasa al Estado- pudiera contribuir a financiar el subsidio al arroz de la “libreta”.

Identificando el nivel actual de subsidios del precio del arroz

La distribución mensual mediante la “libreta” incluye un mercado regulado y subsidiado del arroz con dos categorías de precios diferenciados: una asignación de 5 libras “normadas” a un precio de 0,25 CUP/lb, y 2 libras “adicionales” a un precio de 0,90 CUP/lb.

Asumiendo aproximadamente una población beneficiada de 11 millones, la cantidad de arroz distribuida anualmente por la “libreta” debería ser de 418 440 t. (15)

El gasto total que representarían estas cantidades sería de 164,8 millones de pesos (CUP) en el caso del arroz “normado” y de 235,2 millones de CUP en el caso del arroz “adicional”. La suma de ambas cifras -400 millones de CUP- indicaría el desembolso total que haría la población por concepto del arroz subsidiado que se distribuye por la “libreta” de abastecimiento. (16)

En términos de tratar de contener el efecto negativo de una posible devaluación de la moneda nacional, ese es el monto de gastos -400 millones de CUP- que debería mantenerse invariable cuando se habla de proteger el nivel de consumo de la población, en este caso en relación con un producto específico, el arroz.

Cualquier incremento del gasto por encima de 400 millones de CUP -sin aumentar las toneladas- significaría que los beneficiarios de las ventas subsidiadas de arroz comenzarían a perder poder de compra.

Una forma posible de estimar el nivel actual de subsidio seria comparar el gasto total “teórico” que implicarían las transacciones al precio del mercado “paralelo” (4 CUP por libra) con el gasto real que se habría registrado por las ventas de arroz subsidiado que se distribuyen por la libreta.

A precios del mercado “paralelo”, las 418 440 t de arroz de la libreta tendrían un valor de 3 682 millones de CUP. Es decir, el monto total del subsidio debería ser de 3 282 millones de CUP (3 682 – 400 millones de CUP).

Tratar de entender la dimensión del subsidio que se necesitaría en condiciones de una eventual devaluación debe comenzar por reconocer el nivel actual del subsidio. La implicación política es simple: si el nivel de subsidio que se requiriese en la etapa “post- devaluación” fuese mayor que la cifra actual estimada de 3 282 millones de CUP entonces habría que identificar con precisión las fuentes de financiamiento para cubrir la diferencia.

La capacidad estatal para regular los precios del arroz en una Cuba “post-devaluación”

Como se ha apuntado antes, existe un mercado interno de arroz que no está subsidiado y que forma parte del consumo de las familias. El precio del arroz en el mercado no subsidiado parecería estar fuertemente influenciado por dos factores. En primer lugar, por el precio establecido para las entidades que participan en el llamado mercado “paralelo” del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN), con precios fijados en 4 CUP/lb para el arroz de mayor calidad y de 3 CUP/lb para el arroz de producción nacional. En segundo lugar, la oferta de arroz en los mercados de “oferta y demanda”, la cual, en general, tiende a ser de 4 CUP/lb. (17)

Un factor clave para entender si una devaluación produciría un incremento en el monto necesario del subsidio sería el posible efecto de la devaluación en el precio del arroz en los dos mercados anteriormente mencionados: el mercado “paralelo” del MINCIN y el mercado de “oferta y demanda”. A mayor incremento de ese tipo de precios, mayor debería ser el monto del subsidio que se necesitaría para poder mantener inalterables los precios que hoy tiene el arroz que se distribuye por la “libreta”.

Si se analiza el lado de la oferta, lo primero que habría que tener en cuenta es que el principal suministrador de arroz en el mercado cubano es un conjunto de entidades estatales, pero ello depende de la capacidad que tienen esas entidades para la importación y la distribución, no para la producción. Esa característica es importante y sobre ella volveremos.

Todas las importaciones de arroz se hacen por entidades estatales y esas importaciones luego se canalizan hacia el consumidor por mecanismos estatales. Por otra parte, las empresas estatales cubanas apenas aportaban en 2017 el 20,5% de la producción nacional de arroz, y a su vez, la producción nacional solamente cubre aproximadamente una tercera parte del consumo nacional (18).

El carácter agro-industrial de la producción de arroz para el consumo, establece una cadena productiva particular –ausente en muchas otras producciones agrícolas- que hace, por una parte, que las entidades estatales (los complejos agroindustriales arroceros) incluyan la participación de cooperativas y productores privados en la producción de “arroz cáscara húmedo” en las tierras arroceras asignadas a los complejos agroindustriales, comprando la producción de estos productores no estatales. Por otra parte, los complejos agroindustriales arroceros realizan el proceso industrial para transformar el producto cultivado en arroz de consumo, y las empresas estatales lo distribuyen y lo comercializan. El último dato conocido indica que las entidades estatales pagan al productor no estatal 5 484 CUP por tonelada de “arroz cáscara húmedo”. (19)

Aunque no se dispone de una estadística precisa y actualizada, parece razonable asumir que –gracias al control de la distribución- el sector estatal es el primer suministrador del mercado de arroz en los mercados “liberados” de Cuba, principalmente por el peso que tiene el mercado “paralelo”.

Ese “poder de mercado” estatal favorece, por una parte, que el precio en otros mercados “liberados” -como el mercado de “oferta y demanda”- tienda a reflejar el precio establecido para las unidades estatales que comercializan el arroz en el mercado “paralelo”, y, por otra parte, tiende a facilitar posibles intervenciones estatales “correctivas” en el mercado.

¿Cuánto pudiera modificar una devaluación el funcionamiento de esos mercados y el poder relativo de sus participantes?

Mientras el Estado disponga de la divisa necesaria para pagar las importaciones de arroz (257,6 millones de USD en 2016), esa parte sustancial de la oferta pudiera ser sostenida, y con ello se conservaría la capacidad estatal –gracias a su condición de suministrador principal- para asegurar la cantidad física del arroz que se distribuye de manera subvencionada y para influir en el precio del mercado “liberado”.

Como se ha anotado anteriormente, en la parte correspondiente a las importaciones, a pesar de que la tasa oficial es de 1 USD = 1 CUP, el precio “liberado” del arroz comercializado en CUP alcanza, en la práctica, un valor equivalente al que se alcanzaría si se hubiese utilizado una tasa de cambio de aproximadamente 1 USD = 24 CUP.

Es decir, si se produjese una devaluación de la tasa de cambio oficial hasta esa magnitud (o una devaluación menor), esta no debería tener un impacto en el crecimiento de precio actual en CUP.

Implícitamente, el precio “liberado” actual de la tonelada de arroz importado ya incluye el equivalente de ese nivel de devaluación (24 veces) respecto a la tasa oficial de 1 USD = 1 CUP. De hecho, en caso de que la devaluación fuese menor comparada con el coeficiente de 24 -por ejemplo, que fuese de 1 USD = 15 CUP- pudiera reducirse el precio en moneda nacional del arroz “liberado”, respecto al precio actual, y gracias a ello se reduciría el monto de los subsidios. No digo que algo así vaya a ocurrir, simplemente indico la lógica que cabría esperar.

Un punto que debe ser retenido es que, si bien la “traducción” actual de precios en USD a CUP –con un coeficiente de 24- permitiría “absorber” formalmente una devaluación de hasta 1 USD = 24 CUP sin necesidad de aumentar el precio del arroz “liberado”, ello simultáneamente reduciría la posibilidad de captar un “excedente” que se transformaría en ingresos presupuestarios y que pudieran servir para contribuir a financiar el subsidio al arroz de la “libreta”.

Por ejemplo, asumiendo una devaluación de 1 USD = 24 CUP, el “excedente” se haría cero. (20). En un caso como ese, habría que buscar otras fuentes de financiamiento para los subsidios al arroz de la “libreta”.

Aquí funcionaría aquello de que “no puedes comerte todo el cake y tratar de guardar un pedazo”. Existiría un juego compensatorio de variables: o se mantiene el precio del arroz importado “liberado”, pero con una disminuida captación de “excedentes”, o se mantiene la posibilidad de captar “excedentes” a costa de aumentar el precio en CUP del arroz “liberado”.

Mientras más se aproxime la devaluación al coeficiente de 24, más claro se hace el dilema: se preserva la capacidad de compra del consumidor de arroz “liberado”, o se resguarda la capacidad del presupuesto nacional para subvencionar el arroz de la “libreta”.

La devaluación y su posible impacto en la producción nacional

Restaría evaluar el impacto de una devaluación en el resto de la oferta de arroz: la producción nacional. Como se ha indicado antes, en 2016 se produjeron 514 015 t de “arroz cáscara húmedo” (equivalente a 257 mil t de arroz consumo). Se estima que los productores privados (64,8% del total) aportaron aproximadamente 334 mil t de “arroz cáscara húmedo” (equivalente a 167 mil t de arroz consumo). (21)

El cálculo de las toneladas de arroz que son necesarias para mantener en 4 CUP/lb el precio del arroz “liberado” se complica debido a la no disponibilidad de datos precisos. Se conoce que no todas las importaciones van al mercado subvencionado. Se sabe igualmente que hay una parte del arroz nacional que tiene otros destinos: semillas, autoconsumo, y consumo social, entre otros. Autores como José Luis Rodríguez indicaron que, en 2015, la venta liberada de arroz habría necesitado “una oferta asegurada de 85 000 toneladas”. (22)

Dándole un margen adicional a esa cifra, parecería plausible asumir que el monto de la oferta total que se necesita actualmente en Cuba -para mantener los actuales precios de 4 CUP/lb del arroz “liberado”- gira alrededor de las 100 mil t anuales.

El punto anterior es importante porque de reducirse ese nivel de oferta de 100 mil t anuales, pudiera producirse un posible incremento en el precio en CUP del mercado “liberado” que conllevaría a un incremento del subsidio que debería sostener el mercado “normado”.

Tal posibilidad no tendría tanto que ver con el manejo de precios interempresariales estatales sino con el hecho de que los productores no estatales, especialmente los privados que son los mayores productores de arroz nacional fuesen capaces, o estuviesen interesados, en producir más arroz, o menos arroz. (23)

Cabría pensar que una devaluación tendería a elevar el precio del mercado “liberado”, principalmente porque es plausible asumir que una devaluación afectaría los costos de los componentes importados para la producción nacional de arroz. Estos incluyen un insumo tan importante como el combustible.

Sin embargo, para que ello ocurriese, el supuesto central sería que efectivamente los costos en CUP de esos componentes importados se “tradujeran” actualmente con una tasa de 1 USD = 1 CUP y que, por tanto, una futura tasa de cambio más desfavorable para el CUP aumentaría los costos en esa moneda de los componentes importados de la producción nacional de arroz.

Pero ¿qué ocurriría si –como sucede en el caso de la “traducción” del precio de la tonelada importada- también el costo en CUP del componente importado de la producción nacional expresara hoy una “traducción” con un coeficiente alto?

No se dispone de datos precisos, pero se conocen dos cifras que pudieran ofrecer la oportunidad de reflexionar sobre el tema:
Las entidades estatales pagan al productor no estatal 5 484 CUP/t y se conoce que el 86,7% de esa cifra es el costo de producción, o sea, 4 754 CUP/t. (24)
El costo de producir una tonelada de arroz en Cuba era de 236 CUC, en 2016. Se asume que esa cifra refleja el costo total. (25)

El coeficiente resultante de dividir el costo en CUP (4 754) entre el costo en CUC (236) sería de 20,14. Redondeando la cifra, se estima el coeficiente en 20.

También expresaría una “traducción” de costos de USD a CUP muy distante de la que debería esperarse con la aplicación de la tasa de cambio oficial.

Hasta el límite de una tasa de cambio de 1 USD = 20 CUP, una devaluación no debería aumentar el costo en CUP del componente importado del arroz producido nacionalmente. Hasta esa cifra no deberían producirse presiones hacia el alza del precio del arroz “liberado” y con ello no se afectaría el nivel actual de subsidios de la “libreta”. Sin embargo, una tasa de cambio menos desfavorable para el CUP (por ejemplo, 1 USD = 15 CUP) pudiera reducir el costo del componente importado del arroz nacional en relación con el nivel efectivo actual (1 USD = 20 CUP) lo cual coadyuvaría a reducir el monto de los subsidios.

Una nota sobre la importancia de “la cifra” de la devaluación

La exploración que aquí se ha hecho asume -aunque no vaticina- la posibilidad de que la devaluación pudiera sobrepasar el rango de 1 USD = 24 CUP, algo que aprovecho para llamar la atención respecto al punto más evasivo de toda la discusión actual sobre la unificación monetaria y cambiaria: la determinación del posible nivel de una tasa de cambio unificada.

Hay autores como Barrera que afirman que precisar el tipo de cambio único “de equilibrio” es prácticamente imposible, y otros especialistas, como Rogelio Torras y Juan Ferrán, proponen mantener la segmentación de tasas de cambio en el área de personas jurídicas y de personas naturales. “En la primera deberá fijarse –de dedo– una tasa mínima… La segunda debe regirse por las leyes del mercado”. (26)

Sobre este punto anoto tres consideraciones breves:

  • La determinación del posible nivel de una tasa de cambio unificada es imprescindible para poder avanzar en un plan concreto de unificación cambiaria, en particular respecto a la protección del poder de compra de los ciudadanos. El monto de los subsidios, así como la posibilidad de financiar esos subsidios, estarán fuertemente influidos por la cuantificación de la eventual tasa de cambio unificada.

  • Muchos análisis que hoy se hacen asumen que la tasa unificada eventualmente se encontraría en algún punto entre la tasa oficial actual (1 USD = 1 CUP) y a tasa de CADECA (1 USD = 24 CUP). Las preguntas que se imponen son: ¿Cómo se habría llegado a esa conclusión? ¿Qué impediría que la tasa unificada refleje una devaluación mayor que la que pudiese indicar la tasa actual de CADECA, por ejemplo, que se alcanzase una tasa de cambio unificada de 1 USD = 30 USD?

  • ¿Puede desarrollarse una pequeña economía insular subdesarrollada y “abierta” –es decir, transformarse en una estructura económica más eficiente y eficaz- si se mantiene una segmentación de tasas de cambio que desconecte las entidades productoras de los parámetros de la economía internacional?
El rejuego contable- financiero estatal frente a la “camisa de fuerza” de la realidad productiva

Una devaluación que supere el nivel de 1 USD = 20 CUP –al aumentar el costo del componente importado de la producción nacional en comparación con las correlaciones actuales de costo entre USD y CUP- pudiera implicar un mayor precio del arroz “liberado”. Al aumentar ese referente, habría necesidad de aumentar los subsidios, los cuales cubren la diferencia entre el precio “liberado” y el precio de la “libreta”.

Si la devaluación es superior a 1 USD = 24 CUP, entonces habría que agregar el encarecimiento directo de las importaciones de arroz -en relación con las correlaciones actuales entre USD y CUP de las importaciones- y por tanto se vería reforzada la necesidad de incrementar el subsidio.

Adicionalmente, cuando la devaluación es mayor que un coeficiente de 20, y especialmente si supera el coeficiente de 24, la tendencia hacia la necesidad de incrementar el monto de los subsidios iría acompañada de la desaparición de la capacidad estatal poder captar los actuales “excedentes” que pudieran contribuir a financiar los subsidios. Ello exigiría encontrar otras posibles fuentes de financiamiento de las subvenciones del arroz de la “libreta”. Sin embargo, tal posibilidad no es obvia.

Asignar subsidios extra siempre implicaría la necesidad de encontrar fuentes para su financiamiento y directamente ello competiría con otros posibles usos de los recursos del presupuesto, por ejemplo, educación o salud.

La posibilidad de utilizar el subsidio como una cuña entre las tendencias de mercado (devaluación con impacto en el alza de precios) y las necesidades del modelo social y político (precios bajos en alimentos claves del consumo popular) tienen como límite la capacidad de un presupuesto que ya actualmente es altamente deficitario.

Una cuestión adicional. Algo similar, pero con montos diferenciados, debería ocurrir con el subsidio de los demás productos de la “libreta”. Si a esto se le agrega el hecho de que tratar de impedir el efecto que tendría una devaluación del CUP en los precios de un grupo de productos de consumo -mucho más extenso que los distribuidos por la libreta- la cifra de subsidios adicionales que deberían ser financiados pudiera ser muy elevada. No queda claro que eso pueda resolverse reasignando los subsidios que hoy existen, o que sea factible encontrar nuevas fuentes para su financiamiento.

No digo que sea imposible financiar esos niveles de subsidios, pero pienso que cualquier propuesta de cuña de subsidio debería ir acompañada de la identificación precisa de las posibles fuentes para su financiamiento.

Frente a un posible incremento de los costos del sector no estatal debido a la devaluación, en casos de tasas de cambio superiores a 1 USD = 20 CUP, y sobre todo mayores que 1 USD = 24 CUP, además de los subsidios también pudiera pensarse en vías “no económicas”, por ejemplo, ukases administrativos que “fijen” el precio que se paga a los productores no estatales, o la determinación voluntarista de tasas de cambio. El problema es que ese tipo de medidas muy probablemente conducirán al lugar donde siempre terminan: una reducción de la oferta a corto plazo y un desaprovechamiento de los recursos nacionales.

Por otra parte, reducir el monto de los subsidios mediante la disminución del número de personas que se benefician de ellos, por ejemplo, dejando de subsidiar de manera general productos como el arroz, para pasar a subvencionar personas necesitadas, es una noción técnicamente racional, pero políticamente arriesgada en el momento en que se haga la devaluación. El precio de la comida es un tema de alta sensibilidad política y es capaz de provocar desazón ciudadana de manera muy rápida y extendida. Un cambio en el mecanismo de las subvenciones a los alimentos básicos es el tipo de medida que probablemente sea conveniente dejar para más adelante.

La vía más segura y sostenible para proteger el precio “liberado” del arroz de los efectos de una devaluación –y con ello mantener o reducir los subsidios- es sustituir las importaciones por la producción nacional y hacer más eficiente la utilización de los recursos importados para esa producción.

En el caso del arroz eso depende de los productores privados. Colocar el acento en otra parte no tiene mucho sentido.

NOTAS

1 Jorge Barrera Ortega, “La unificación monetaria, un urgente primer paso”, Temas, 5/2/2018, http://www.temas.cult.cu/catalejo/la-unificaci-n-monetaria-un-urgente-primer-paso

2 No intenta minimizarse la función del sector estatal en la producción nacional de arroz, que incluye aportes importantes para el funcionamiento de la cadena agro-industrial de este alimento como son el arriendo de tierra cultivable a las entidades no estatales, la construcción y mantenimiento de infraestructura y de instalaciones industriales, suministro de maquinaria, semillas, fertilizantes y pesticidas, y servicios de seguro y de créditos. Se trata de funciones del sector estatal que son necesarias para que pueda operar el diverso conjunto de formas de propiedad y de gestión que produce arroz en Cuba.

3 ONEI. Sector Agropecuario. Indicadores Seleccionados. Enero – Septiembre 2017. Tabla 1.2 “Participación por Sectores de Propiedad”, http://www.one.cu/mensualprincipalesindicadoresagropecuario.htm

4 Yudy Castro Morales, El costo de un Presupuesto humanista, Cubadebate, 2 de febrero de 2017, http://www.granma.cu/cuba/2017-02-02/el-costo-de-un-presupuesto-humanista-02-02-2017-20-02-34

5 Tabla 14.2 Circulación mercantil mayorista total y la red minorista en unidades físicas http://www.one.cu/aec2016/14%20Comercio%20Interno.pdf

6 Tabla 14.2 Circulación mercantil mayorista total y la red minorista en unidades físicas http://www.one.cu/aec2016/14%20Comercio%20Interno.pdf

7 Tabla 9.10 Producción agrícola por cultivos seleccionados de la agricultura no cañera http://www.one.cu/aec2016/09%20Agricultura%20Ganaderia%20Silvicultura%20Pesca.pdf

8 Tabla Importaciones de productos seleccionados según secciones y capítulos de la Clasificación Uniforme para el Comercio Internacional (CUCI) http://www.one.cu/aec2016/08%20Sector%20Externo.pdf

9 Tania Rendón Portelles, ”Cuba por aumentar producción de arroz y evitar importaciones”, Agencia Cubana de Noticias, 15 Noviembre 2016 , http://www.acn.cu/economia/22803-cuba-por-aumentar-produccion-de-arroz-y-evitar-importaciones

10 Precio promedio en 2017 de la tonelada métrica de arroz vietnamita “grano largo 5% roto”. Fuente: http://www.fao.org/economic/est/publications/rice-publications/the-fao-rice-price-update/en/

11 4 CUP/lb = 8,8 CUP/kg

12 El cálculo se hace para ilustrar la dimensión del problema y no para cuantificarlo con exactitud. Estrictamente hablando, no es precisa la cuantificación de 23,65 como efecto “similar” de aplicación de una tasa de cambio equivalente, pues existen otros factores que –a los efectos de simplificar el ejemplo- no se han tomado en cuenta. Entre esos factores, los costos de transporte y de almacenamiento.

13 Aquí también hacemos una aproximación pues la tasa de CADECA de 1 X 24 se refiere a la equivalencia entre dos monedas nacionales (el CUP y el CUC). Asumimos, por tanto, una tasa de 1 USD = 1 CUC, que no es exacta, pero que simplifica este ejercicio ilustrativo. Nota: la tasa de cambio oficial es de 1 USD = 1 CUP.

14 El excedente es calculado como la diferencia entre el precio en CUP de la tonelada vendida en el mercado” liberado” y el precio en CUP de la tonelada importada valorada en CUP, según el cambio oficial de 1 USD = 1 CUP, 8 880 CUP – 372 CUP = 8 428 CUP.

15 Datos presentados con fines ilustrativos. Cálculo aproximado 299 640 t de arroz “normado” y 118 800 t de arroz “adicional”

16 Datos presentados con fines ilustrativos. Estimación: 550 CUP/t X 299 640 t = 164 802 000 CUP, cifra redondeada a 164,8 millones de CUP; 1980 CUP/t X 118 800 t = 235 224 000 CUP, cifra redondeada a 235,2 millones de CUP.

17 Pueden existir diferencias de precios según la ubicación geográfica del mercado en un momento dado, y también hay variaciones en el tiempo.

18 ONEI. Sector Agropecuario. Indicadores Seleccionados. Enero – septiembre 2017. Tabla 1.2 “Participación por Sectores de Propiedad”, http://www.one.cu/mensualprincipalesindicadoresagropecuario.htm

19 “Para tener más arroz cubano en la mesa”, Cubadebate, 24 de julio de 2013, http://www.cubadebate.cu/especiales/2013/07/24/para-tener-mas-arroz-cubano-en-la-mesa/#.WoGqcSVG1aQ

20 El precio de venta “liberado” de la tonelada de arroz sería igual al valor en CUP de la tonelada de arroz importado. Dejaría de existir un diferencial positivo a favor de la empresa estatal que comercializa el arroz importado.

21 Tabla 9.10 Producción agrícola por cultivos seleccionados de la agricultura no cañera http://www.one.cu/aec2016/09%20Agricultura%20Ganaderia%20Silvicultura%20Pesca.pdf

22 José Luis Rodríguez, « Una mirada a la economía cubana y sus perspectivas en 2016, Cubadebate, 28 de abril de 2016, http://www.cubadebate.cu/opinion/2016/04/28/una-mirada-a-la-economia-cubana-y-sus-perspectivas-en-2016/#.Wob7B2cwtaQ

23 Obviamente, también pudieran influir eventos climáticos o factores biológicos, como las plagas.

24 Datos presentados con fines ilustrativos. Ver, Magela Pérez Pérez, y Marlene Ana Penichet Cortiza, “Los rendimientos arroceros en Cuba: propuesta de un sistema de acciones”, Economía y Desarrollo, vol.152 no.2 La Habana jul.-dic. 2014, http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0252-85842014000200009

25 Asumimos aquí que la cifra indica el costo total promedio de producir una tonelada de arroz nacionalmente, pero en rigor no queda exactamente claro de las declaraciones del funcionario entrevistado si se trata de la cifra total del costo, o si sería solamente del costo de los componentes importados. En cualquiera de los dos casos indicaría una clara ventaja competitiva de la producción nacional de arroz. Información proporcionada por Lázaro Díaz Rodríguez, director de la División de Arroz del Grupo Agrícola del MINAG, Ver Tania Rendón Portelles, ”Cuba por aumentar producción de arroz y evitar importaciones”, Agencia Cubana de Noticias, 15 Noviembre 2016 , http://www.acn.cu/economia/22803-cuba-por-aumentar-produccion-de-arroz-y-evitar-importaciones

26 Rogelio Torras Rodríguez y Juan M. Ferran Oliva. ”No es oro todo lo que brilla”, blog El Estado como tal, 14 de febrero de 1958, https://elestadocomotal.com/2018/02/14/rogelio-torras-rodriguez-y-juan-m-ferran-oliva-no-es-oro-todo-lo-que-brilla/

domingo, 18 de febrero de 2018

Detergente: falsos burbujeos

Ni siquiera un encuentro entre productores y comercializadores, que derivó en prometedores acuerdos, ha podido parar la estafa. Lo concertado parece dormir en las gavetas

Autores:



Yuniel Labacena Romero                               
Iviani Padín Geroy
digital@juventudrebelde.cu



El Limtel tiene gran demanda entre la población. Autor: Laura Borges Publicado: 17/02/2018 | 05:10 pm

—Buenos días. ¿Tienen detergente Limtel?

—¿Detergente?, repitió el dependiente con la emoción de quien espera ganar unas monedas extras.

Entonces sacó con sigilo un recipiente de litro y medio, con etiqueta Tucola, líquido de color rojo y aproximadamente un dedo de espuma en la parte superior.

—Es a 30 pesos, trae más que los otros y tiene mejor calidad, dijo.

El diálogo ocurrió en uno de los mercados de productos normados que este diario visitó luego de la publicación del reportaje ¿La espuma se esfuma? del periodista Hugo García Fernández, en la edición del pasado 25 de enero.

Tomamos el frasco en las manos. Lo miramos detenidamente. Pero al final decidimos no comprarlo. No era ese nuestro objetivo.

El asombro llegó minuto después, cuando supimos que allí «no se comercializa ningún tipo de detergente, ni líquido ni en polvo». Según la administradora del establecimiento, desde que ejerce el cargo ha recibido otras tipologías de aseo personal y del hogar, pero nunca el que estábamos buscando. Quizá no estuviese al tanto de lo que a nosotros nos había tardado cinco minutos descubrir. Allí se vende detergente, justo en el primer mostrador, frente a la puerta.

Esta historia no solo se repite en La Habana. Numerosas fueron las opiniones dejadas por los cibernautas en nuestra página web, tras la publicación del anterior reportaje sobre las falsificaciones del detergente Limtel. Un forista nombrado Narciso opinaba: «También al parecer esta situación ha llegado a la ciudad de Santa Clara, pues el que ahora mismo se utiliza en mi casa no hace espuma ninguna».

Elina López contaba que había comprado un pomo en una tienda de Belascoaín y al utilizarlo se preguntaba «por qué no hace gran espuma si antes con un poquito podías fregar unas cuantas cosas y mira por donde andaban los resbalosos». Y Yanet, otra capitalina, aseguraba: «Precisamente ayer compré un pomo de estos en un punto de comercio pequeño debajo del puente de cien y Boyeros y cuando llegué a la casa que lo probé era agua, nada de espuma, pero con el color de siempre. ¿Quién responde por esto?».

Burbujas caseras

Producir detergente, o al menos un producto parecido, no es tan difícil como parece, a juzgar por algunos procesadores clandestinos. «Solo se necesitan tres ingredientes: sal, agua y genapol». Así lo contó a nuestro equipo de prensa uno de estos productores, quien accedió a darnos toda la información y nos pidió el anonimato.

Nuestra primera duda vino tras mencionar «el genapol». ¿De qué se trata?, inquirimos. Juan, como lo nombraremos a partir de ahora, explicó que es un formador de espuma por excelencia y se utiliza en numerosos productos de aseo como jabón, champú y pasta de dientes.

«Es un líquido viscoso, espeso y transparente que le compro a un trabajador de una fábrica, pero se puede conseguir en muchos lugares. Esta es la base para hacer detergente.

«La fórmula maestra para cinco litros está compuesta por una lata de leche condensada de genapol, la misma cantidad de sal de cocina —mientras más blanca mejor— y agua, hasta que se logre una mezcla menos densa. Se pueden utilizar todo tipo de colorantes, los que vienen para las pinturas o para el merengue de los dulces», aclara.

Juan elabora pocas cantidades de detergente y también de champú, trabaja con ayuda de su mujer en casa y lo distribuye a determinados compradores que luego lo venden en la calle. «Compro distintos tipos de pomos, pero siempre en buen estado. Me es suficiente con la cantidad de frascos y tapas rescatadas de la basura que me venden a uno o dos pesos».

Sin embargo, comenta, existen fábricas clandestinas más grandes, tanto en La Habana como en algunas provincias. «Estas consiguen las materias primas, incluidas las necesarias para envase, en empresas e industrias estatales. La producción, al ser mayor, se introduce en la red de comercio para incrementar la agilidad de las ventas y, como consecuencia, las ganancias.

«El más fácil de falsificar es el de la marca Limtel, debido al tipo de envase, ya que se utiliza también para ron, vinagre, leche condensada y otros productos».

El gemelo de Limitel

El 22 de septiembre de 2014 la Unidad Empresarial de Base (UEB) Suchel Jovel, adquirió en el Mercado Artesanal Industrial Infanta (MAI), de La Habana, la primera muestra adulterada (Ver tabla 1). Los frascos que allí se exhibían con etiqueta Limtel no se correspondían con las características del envase o normas de calidad propias de la fábrica.

Había llegado hasta allí tras una queja anónima recibida en el departamento de protección al consumidor de la entidad. Según Madelaine González, especialista en procesos tecnológicos de la UEB Suchel Jovel, esta, y otras demandas —muchas con todos los datos de los clientes—, condujeron a los directivos de la empresa a una profunda investigación.

«Comenzamos a visitar a los clientes que presentaban inconformidades. Así logramos recoger varias muestras, todas ellas con notables diferencias químicas, evidencia de un producto que se estaba haciendo fuera de nuestros laboratorios», sentencia.

Casi cuatro meses después, el 19 de diciembre de 2014, Belkis González, directora de la UEB Suchel Jovel, envió una carta a la Directora de Producción y Ventas de la Empresa Suchel, radicada en la capital, para informar sobre las irregularidades encontradas en la comercialización de uno de sus productos líderes.

La misiva entregada a estos reporteros expresa: «Hemos venido atendiendo reiteradas quejas sobre la mala calidad del detergente Limtel adquirido en establecimientos de ventas minoristas, fundamentalmente en La Habana. Individuos inescrupulosos falsifican nuestro producto, poniendo en tela de juicio la calidad del mismo, el prestigio alcanzado por nuestra organización y la profesionalidad y competencia del colectivo de técnicos, especialistas y trabajadores».

En la carta consta, además, la preocupación de los productores ante el peligro que la fabricación clandestina representa para la salud de la población, sin el equipamiento, las materias primas y la profesionalización correspondientes.

«Teniendo en cuenta el alcance de sus facultades dada la personalidad jurídica legal de la empresa, rogamos a usted, denuncie estos hechos ante las autoridades competentes y los organismos involucrados en estos hechos», reclama en el último párrafo del documento.

Así se hizo, explica el ingeniero Carlos Miguel Boggiano, director general de la Empresa Suchel. «La relación contractual de nuestra entidad es con Universal La Habana, y no con el Ministerio de Comercio Interior (Mincin), no obstante, en este caso, decidimos informar a ambos contratistas, teniendo en cuenta que es un problema que nos afecta por igual, y que repercute en la calidad del producto que reciben los clientes».


Carta y acuerdos para desenmascarar

En 2015 se envió al Mincin un documento oficial con las reclamaciones archivadas hasta esa fecha y el análisis de las muestras adulteradas, declaró Madelaine González.

Además de comunicar a los contratistas mayoristas y minoristas, la Empresa Suchel también extremó las medidas de control en sus sucursales para evitar que se desviaran recursos destinados a producciones clandestinas de alto riesgo para la salud de los consumidores, quienes pueden sufrir problemas dérmicos, lesiones cutáneas, alergias e irritaciones.

Pero no fue suficiente. Las denuncias se hicieron más frecuentes y la UEB Suchel Jovel continuó encontrando muestras testigo en diferentes puntos de la geografía habanera. En el primer semestre de 2017 la situación empeoró considerablemente, más reclamos por la mala calidad del detergente llegaron a la empresa, incluso, una del propio Mincin tramitada por su departamento de atención a la población.

«Para analizar el tema se convocó a productores, mayoristas y minoristas, a una reunión que tuvo lugar el 17 de julio de 2017», informó el director general de la Empresa Suchel, quien añadió que en la misma se tomaron cinco acuerdos para tratar de solucionar las demandas por la mala calidad del detergente.

En el acta de dicha reunión, a la cual tuvo acceso este diario, se detalla que los acuerdos estarían encaminados a: evaluar cómo certificar con un tercero la calidad del producto que entrega Suchel a los almacenes concentradores, evaluar cómo el minorista va a garantizar la continuidad de la calidad de los productos entregados por las universales, perfeccionar los sistemas de control interno en toda la cadena, fijar fecha para la realización de las acciones de capacitación de todos los eslabones de la cadena sobre la calidad del detergente y ejecutar operativos para detectar productos adulterados.

Los directivos de la Unión de Empresas de La Habana y la Empresa de Comercio, las cuales pertenecen al Mincin, no participaron en la reunión. Lo hizo Yalina Garbey Rivera, directora de Protección al Consumidor del organismo, quien en dicho encuentro explicó que ellos actuarían en concordancia con los acuerdos que allí se tomaran y que estaban al tanto de la situación que venía ocurriendo.

Estos son algunos de los criterios planteados en la reunión:

—Nos preocupa que haya muchos productos que puedan tener adulteración. Ahora es el detergente, pero luego pudieran ser otros. Hablamos de productos de alta demanda, por lo que se necesita mucho control.

—Hay que revisar los sistemas de control interno de cada entidad pues la materia prima para elaborar estos productos debe salir de quien produce o los comercializa, y así introducirse en la red de venta minorista.

—Nuestra entidad (Empresa Suchel) tiene un alto control sobre las materias primas desde que llegan al puerto y no se ha detectado ningún hecho sobre este tema.

—Los espesantes clandestinos no son los utilizados por nuestras sucursales, aunque en las pruebas que se han realizado no hemos detectado cuáles son.

—Existen varias entidades que también emplean otras materias primas utilizadas para fabricar detergente u otros productos de aseo, por lo tanto el problema involucra desde el productor hasta el minorista.

Al revisar el acta del encuentro pudiera asegurarse que hubo un intenso debate, pero los cinco acuerdos —que entrarían en vigor en septiembre del pasado año—, o bien, cayeron en saco roto, o se han implementado con extrema lentitud.

¿Lo dijo Juventud Rebelde?

¿Tienen Limtel? ¿Con que frecuencia abastecen el mercado con este producto ¿Es muy demandado? ¿Conocen que se está falsificando? Con esas interrogantes, como dijimos al inicio de este reportaje, Juventud Rebelde visitó cerca de 25 mercados artesanales industriales capitalinos y diez bodegas.

En esos establecimientos

—en los cuales solo dos tenían presencia del producto— conversamos con sus administradores, quienes refirieron que el Limtel es uno de los de mayor demanda, sin embargo, solo lo reciben una o dos veces al mes y en cantidades insuficientes, por lo que se agota en dos o tres días tras su llegada.

De la falsificación del producto nada pudieron decir. Solo dos administradores se habían enterado luego del reportaje de este diario, y por suerte, hicieron reuniones con sus trabajadores para alertarlos de lo que venía sucediendo desde 2014.

Elian López, administrador del MAI Inclán, que por estar ubicado en la zona comercial de La Habana Vieja, es atendido directamente por la Unión de Empresas de Comercio y Gastronomía de La Habana, a diferencia de sus similares, que lo hacen las empresas municipales, aseguró que nunca antes había escuchado nada de esa supuesta falsificación y que ante ello debían tomarse medidas con los implicados, pues estaban afectando no solo a la población sino también a quienes comercializan el producto.

Tampoco estaba al tanto de esta situación Yosniel Roche Carrillo, subdirector comercial de la Empresa Provincial de Comercio de La Habana. En diálogo con este diario señaló que las quejas que ha recibido son por la escasez del producto y no por las adulteraciones a las que nos referíamos. La distribución de detergente Limtel, así como las inspecciones, dijo, continuaban haciéndose como de costumbre.

La misma sorpresa se llevaron la técnica Oiris Fuentes y la especialista principal Marisel Rojas, ambas del Departamento de Protección al Consumidor de la Unión de Empresas de Comercio y Gastronomía. Ellas tampoco tramitaron insatisfacciones respecto a la mala calidad del detergente, ni participaron en ninguna reunión sobre el tema.

Aunque Yalina Garbey aseveró a Juventud Rebelde que las dos quejas que llegaron al ministerio en 2017 sobre el tema se tramitaron como corresponde con las empresas de Comercio, tanto en la capital como en el resto de las provincias, los acuerdos de la reunión del 17 de julio resultan desconocidos por las entidades que se encargan directamente de la gestión empresarial.

Sin embargo, no puede asegurarse del todo que la problemática quedó archivada en las altas esferas del Mincin, ya que aunque insistimos varias veces en conversar y conocer los criterios de Idalmis Olga Martínez Pérez, directora general de la Unión de Empresas, resultó imposible concertar la cita y saber si está o no al tanto.

Con la debida o indebida comunicación entre productor, mayorista, minorista, o subcadenas de este último, lo que queda claro es que estamos frente a un delito con total impunidad, donde ni los productores clandestinos ni los cómplices en la introducción al mercado del detergente impostor han recibido el castigo que merecen.

Como en las películas, todas las partes son inocentes hasta que se pruebe lo contrario. Mientras, quienes intentan poner orden a su cocina con la ayuda de Limtel, deberán reparar detenidamente en las etiquetas del frasco para evitar ser estafados con un producto que hace espuma, pero no limpia.