sábado, 1 de julio de 2017

Una economía sin lentos ni ociosos

Por Juanita Perdomo, Trabajadores


Una mala planificación conduce a exceso de inventarios como ha sucedido en la central termoeléctrica Guiteras, asegura Lázaro Montalvo. Foto: Noryis

Los apremios estatales por seguir derribando obstáculos económicos pudieran hallar un interesante estímulo en la novedad de incluir en la metodología del plan del 2018 la rotación de los inventarios entre los indicadores directivos medibles al sector empresarial del país, que en el 2016 superó por este concepto los 23 mil millones de pesos.

Ahora sí se ha puesto difícil el “juego”, han comentado administrativos, a quienes si bien la decisión no tomó por sorpresa, sí los obligará a modificar la manera de relacionarse con un asunto tan estratégico como este, signado por la poca importancia que algunas entidades suelen concederle en su día a día.

“Donde no se atienda con prioridad, se correrá el riesgo de afectar los ingresos monetarios al igual que sucede cuando son incumplidos otros indicadores como las ventas netas o la utilidad ante del impuesto”, considera Niksa Ortega Tellechea, subdirectora ramal de la Dirección Provincial de Economía y Planificación en Matanzas.

La factibilidad, sin embargo, de conseguir dividendos a corto plazo con esta decisión del Ministerio de Economía y Planificación (MEP) quizás encuentre un muro en las experiencias derivadas del manejo dado por el empresariado y las unidades presupuestadas al Decreto 315/2013 del Consejo de Ministros, Reglamento para el tratamiento y gestión de inventarios, en particular de lento movimiento y ociosos.

“Hay un claro desconocimiento de la norma y sus complementarias”, estima Raúl Delgado Rodríguez, director comercial de la Organización Superior de Dirección Empresarial del Grupo de Productos Industriales (Osde-GI), encargada de la atención de los inventarios de lento movimiento y ociosos por el Ministerio de Comercio Interior.

Desde su oficina en La Habana, observa una realidad que acuña como inquietante. “La mayoría de las entidades emplean mal un Decreto al que no se le ha prestado la prioridad que debió tener. Un aspecto que incide es la transferencia directamente a la cuenta de lento u ocioso sin la mediación de un análisis cualitativo. Optan por el tiempo reglamentado, cuando lo decisorio debiera ser el valor de uso”, ilustra.

En menor o mayor cuantía, evidencias de esa inadecuada práctica asoman en cualquier lugar de la geografía nacional. Durante la recogida de datos para la elaboración de este reportaje Trabajadores notó una caja con 46 pescadoras de varios colores y en perfecto estado entre los bultos de ropas recicladas que por su poco “atractivo” entrarían al almacén de lento movimiento de la Empresa Municipal de Comercio de Matanzas.

El “error”, enmendado de inmediato por aquella administradora, implicaba vender como de tercera una mercancía de primera calidad, con el costo adicional de afectar los ingresos de su propia tienda y de sus empleados, cuestionable para un sector donde siguen siendo muy bajos los salarios, pese a la aplicación de sistemas de pago.

Los inventarios como fuente del plan de la economía

Aunque el propio Decreto 315 en su sección segunda, artículo 5 reconoce que los inventarios deben constituirse en fuente del plan, a la disposición parece que no se le había prestado el interés de ahora. Hace poco el vicetitular del MEP, René Hernández, declaró que el del 2018 incorporó con mayor énfasis la utilización de dichos recursos.

Foto: Noryis

“Hemos trabajado para que eso sea norma en las empresas del Osde- GI, que ya en este 2017 reportaron 143 millones por este concepto, incluidos de lento movimiento y ociosos”, refiere el director comercial Raúl Delgado Rodríguez. “Ello fue posible gracias a una labor que supuso también rebajar en un 15 % la existencia de productos, sobre todo en Pinar del Río, Villa Clara y Matanzas, que en el 2016 concentraban las mayores cantidades”.

Según Delgado Rodríguez en el territorio yumurino la situación se ha ido revirtiendo. La Universal redujo drásticamente sus propios inventarios y está en condiciones de ayudar a gestionar mejor los del resto de las entidades de la economía, con independencia de que los directores son los máximos responsables de moverlos, advierte.

De ello da fe Léster Inclán, a cargo de una de las unidades empresariales de base de la Universal yumurina, que desde su nombramiento en febrero ha ido logrando la venta mayorista de dos productos como el cortador manual de azulejos y las láminas de revestimiento de pared y techo, estancados hacía mucho tiempo por sus altos precios. “Si baja el exceso de mercancía, ganaremos más salario como ya sucede aquí”, agradece el trabajador Víctor Mora.

Para Aliuska López, gestora de los inventarios de lento movimiento y ociosos en la provincia matancera, los empresarios deben dominar los parámetros determinantes de la rotación de los inventarios, manejar los stocks mínimos y máximos, conocer la dinámica del mercado donde se mueven, prever riesgos y, sobre todo, evitar acumulaciones que deriven en lento movimiento y ociosos.

Sugiere depurar mejor, ir al detalle, reevaluar día por día. “Organizar bien los almacenes, cada tipo de inventario en su sitio, no hay que mezclarlos”, opinión con la que concuerda su homólogo en el Osde-GI, Hugo César de Armas Muñoz.

El especialista razona sobre el serio escollo en la clasificación del inventario. “Se utiliza erróneamente el clasificador de productos cubanos. No saben hacerlo y tampoco buscan asesoría, uno de los servicios que brindamos”, afirma. Eso habrá que modificarlo a la luz de los nuevos tiempos, al igual que la “costumbre de no consultarnos por la preferencia de ir a la Cámara de Comercio, con el saldo de promover innecesarias importaciones”, señala López.

Cambiar ahora, no dejarlo para el año que viene

Una buena administración de los inventarios resulta clave para el funcionamiento exitoso de las organizaciones, algo imposible si los empresarios continúan sin la vital planeación estratégica por objetivo, el control material, la conciliación y un fiel reflejo en la contabilidad de las existencias físicas y su correspondiente valor de todo lo que haya en almacenes, reflexiona Lázaro Rodríguez Forte, presidente de la filial matancera de la Asociación Nacional de Economistas de Cuba.

“Si los directores no se preparan, ese nuevo indicador directivo será una piedra en el zapato, porque lo que sí está claro es que los inventarios de lento movimiento y ociosos son un lastre para la economía. En planificar con exactitud, incluida la contratación, se decide todo”.


Estas sogas llevan un largo tiempo en el almacén de lento movimiento de la Empresa Municipal de Comercio en Matanzas. Foto: Noryis

Con el criterio coincide ciento por ciento Lázaro Montalvo Freyre, especialista principal en Economía y almacenes en la central termoeléctrica Antonio Guiteras, perteneciente a Energía y Minas, uno de los ministerios con mayor concentración de lento movimiento y ociosos en el territorio yumurino.

“Una comunicación efectiva entre todas las partes evitaría realizar adquisiciones de materia prima en momentos y cantidades inadecuadas. Un problema que aquí aumenta los inventarios es la disminución en el tiempo pactado para los mantenimientos, lo que impide utilizar todos los renglones solicitados de antemano, excedente que luego se queda ahí y está claro que afecta”.

Desde el Comité Provincial de la CTC en Matanzas, Osmar Ramírez alerta: “Habrá que prestarle mucha atención a un tema que impactará en los ingresos de los colectivos laborales, en el bienestar de los empleados. Nos toca aprovechar espacios como los consejos de dirección para exigir su cotidiano análisis”.

Aunque necesitado de actualización, se impone el manejo inteligente del Decreto 315 y sus normas complementarias, fundamental para realizar un correcto empleo de este nuevo indicador directivo de la gestión económica financiera para el 2018.

El salario medio en Cuba crece a 740 pesos (+ Infografía)

En este artículo: Cuba, dinero, Economía, Salarios, Trabajo

El salario –esa remuneración que cada mes llega a los bolsillos por el trabajo realizado y que aún no satisface todas las necesidades– recurre una y otra vez como uno de esos temas de los que siempre podemos hablar, en cualquier sitio y a cualquier hora. Pero más allá del choteo, de la visión del pesimista, o del que analíticamente se pone a pensar lo que pudiera hacerse a partir del despegue de algunos sectores económicos del país, vale preguntarse: ¿Ha crecido el salario en Cuba? ¿O se repiten las mismas cifras de años anteriores?

Según una de las más recientes publicaciones de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI), existe un incremento salarial –del 2014 al 2016– en actividades como la explotación de minas y canteras, la industria azucarera y servicios de la construcción. En menor medida, también acumulan mejores indicadores los sectores de la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca, así como el transporte, almacenamiento y comunicaciones.

Asimismo, Villa Clara, Matanzas, Ciego de Ávila, Sancti Spíritus y Pinar del Río son las provincias que, desde el 2007 hasta el año pasado, evidencian un pico más alto en términos de aumento del salario medio mensual, lo cual no solo responde al desarrollo de pilares como el turismo, sino también al rescate de actividades económicas consideradas como primarias, para definir el Producto Interno Bruto del país, como es el caso de la agricultura y la ganadería.

Aunque aún no es suficiente, desde 2012 hasta 2016 el salario medio a nivel de país ha crecido de 466 a 740 pesos, un aumento de 274. Si se compara con el lustro anterior, se percibe todavía más el crecimiento. Desde 2007 a 2012 el salario aumentó en 58 pesos, de 408 a 466, apenas se elevó un 14 por ciento. Mientras que de 2012 a 2016 aumentó en un 59 por ciento.

Los sectores mejor pagados en Cuba son los de la industria azucarera (mil 246), la explotación de minas y canteras (mil 218), la intermediación financiera (mil 032) y la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca (991).

Las provincias con el salario medio más alto son Ciego de Ávila (816), Villa Clara (808) y Matanzas (806), únicas que superan los 800 pesos.

Infografía: Granma.

(Con información de Granma/ Cubadebate)

Entender la crueldad republicana

El partido de Donald Trump suma a su inmoralidad una concepción totalmente perversa de la pobreza


Los fundamentos de la legislación republicana en materia de sanidad, que no han cambiado demasiado en las diferentes versiones del Trumpcare, son fáciles de describir. Consisten en retirar los seguros médicos a decenas de millones de personas, convertirlos en mucho peores y muchísimo más caros para otros cuantos millones más, y utilizar el dinero así ahorrado para rebajar los impuestos a los ricos.

Es posible que Trump no se dé cuenta. Las informaciones publicadas por The New York Times, así como por otros medios de comunicación, combinadas con sus propios tuits, dan a entender que no tiene ni idea de en qué consiste la legislación de su partido, pero todo el mundo en el Congreso sabe de qué va la cosa.

Lo desconcertante —y, efectivamente, lo es, incluso para los que hace tiempo que han llegado a la conclusión de que en el partido republicano actual algo va terriblemente mal— es por qué el partido impulsa este plan tan cruel y moralmente indefendible.

Piénsenlo. Perder la cobertura médica es una pesadilla, sobre todo si eres mayor, tienes problemas de salud o sin los recursos financieros suficientes para arreglártelas si te golpea la enfermedad. Y puesto que los estadounidenses con estas características son precisamente las personas a las que apunta la ley, dentro de poco decenas de millones se encontrarán viviendo esta pesadilla.

Por otra parte, los impuestos que recaen sobre una diminuta minoría rica, se reducen o se eliminan. Puede que estas rebajas sean considerables si se miden en dólares, pero, como los ricos ya son tan ricos, lo que se ahorra supondrá una pequeñísima diferencia en sus vidas.

Más del 40% de la rebaja fiscal del proyecto de ley del Senado afectará a personas con unos ingresos anuales superiores a un millón de dólares, pero incluso este afortunado grupito verá aumentar su renta después de impuestos solamente en un casi imperceptible 2%.

Así que estamos ante un enorme sufrimiento —incluidas, según los cálculos más optimistas, alrededor de 200.000 muertes evitables— impuesto a muchos de nuestros conciudadanos, con el fin de dar a un puñado de ricos el equivalente a un poco más de calderilla. Y la opinión pública aborrece la idea. Los sondeos de opinión muestran que la oposición popular es abrumadora, a pesar de que muchos votantes no se den cuenta de hasta qué punto la ley es realmente cruel. Por ejemplo, solo una minoría de votantes está al tanto del proyecto para hacer recortes salvajes en la asistencia médica subvencionada a los más pobres (Medicaid).

De hecho, yo creo que el proyecto de ley tiene un bajo nivel de aprobación incluso entre aquellos que conseguirían una bajada de impuestos significativa. Warren Buffett ha censurado el proyecto de ley del Senado llamándolo “Ley para el Alivio de los Ricos”, y seguro que no es el único multimillonario que piensa así.

Lo que me lleva de nuevo a mi pregunta: ¿Por qué querría alguien hacer esto?

No pretendo tener una respuesta completa, pero creo que hay dos grandes motivos —en realidad, dos grandes mentiras— que explican la crueldad republicana en cuanto a la atención sanitaria y más allá de ella.

En primer lugar, los defectos del plan del Partido Republicano son la otra cara de las virtudes del Obamacare, porque los republicanos se pasaron casi todo el Gobierno de Obama despotricando contra los horrores imaginarios de la Ley de Atención Sanitaria Asequible - ¡los comités de la muerte! – y afrimando que la derogación del Obamacare iba a ser su primera prioridad.

Sin embargo, cuando la perspectiva de la derogación se hizo real, los republicanos tuvieron que enfrentarse al hecho de que el Obamacare, lejos de ser el fracaso que describieron, había hecho lo que se suponía que tenía que hacer: utilizó los impuestos más elevados a los ricos para pagar un importante aumento de la cobertura sanitaria. Por tanto, intentar anular la Ley de Atención Sanitaria Asequible significa privar de asistencia sanitaria a gente que la necesita desesperadamente para bajar los impuestos a los ricos.

Por eso, una manera de entender este horrible plan sanitario es que los republicanos, mediante su oportunismo político y su deshonestidad, se han encasillado en una postura que hace que parezcan crueles e inmorales, porque lo son.

Sin embargo, esa no es toda la historia, porque el Obamacare no es el único programa de seguridad social muy beneficioso que sufre incesantes ataques por parte de la derecha. Los vales de comida, el seguro de desempleo y las ayudas por discapacidad reciben el mismo trato. ¿Por qué? Al igual que con el Obamacare, esta historia empezó con una mentira políticamente conveniente: la pretensión, que se remonta hasta Ronald Reagan, de que los programas de seguridad social solo recompensan a los vagos que no quieren trabajar. Y todos sabemos qué personas en concreto se suponía que sacarían tajada.

Pues bien, esto nunca fue cierto, y en una época en la que la desigualdad aumenta y las industrias tradicionales están en declive, algunos de los mayores beneficiarios de estos programas de seguridad social son miembros de la clase trabajadora blanca que apoyan a Trump. Pero el Partido Republicano moderno está formado básicamente por apparatchiks de carrera que viven en una burbuja intelectual, y esos estereotipos de la época de Reagan siguen predominando en su imagen de los estadounidenses en dificultades.

O por decirlo de otra manera, los republicanos muestran una suerte de crueldad básica hacia los más desfavorecidos y de hostilidad hacia cualquier cosa que protege a las familias de la catástrofe.

En este sentido, no hay nada nuevo en su plan sanitario. Lo que hace —castigar a los pobres y a la clase trabajadora y bajar los impuestos a los ricos— es lo que hace cualquier propuesta política del Partido Republicano. La única diferencia es que esta vez todo es de dominio público.

Entonces, ¿qué pasará con este monstruoso proyecto de ley? No tengo ni idea. Sin embargo, tanto si se aprueba como si no, recuerden este momento. Porque esto es lo que hacen los republicanos modernos; esto es lo que son.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.

© The New York Times Company, 2017.

Traducción de News Clips.

Crece arribo de turistas a La Habana según Ministerio de Turismo

1 julio 2017 


Crece un 29 por ciento arribo de turistas a La Habana.

El arribo de viajeros internacionales a La Habana, la principal puerta de entrada de Cuba, creció al cierre de mayo último un 29 por ciento en comparación con igual etapa del año pasado, informó Xonia Beltrán, delegada del Ministerio del ramo en el territorio.

En declaraciones a la ACN, la directiva subrayó entre los mercados con mayores aumentos en la emisión de turistas a Alemania, Francia, Italia, Reino Unidos y España.

Resaltó también el alza de viajeros procedentes de EE.UU., quienes solo pueden venir bajo las 12 licencias generales aprobadas por el gobierno de Barack Obama para el intercambio “pueblo a pueblo” y nunca como turistas; y que ahora tendrá requisitos adicionales como parte de la nueva política hacia Cuba anunciada por Donald Trump.

De acuerdo con Beltrán, la llegada de vacacionistas a la capital se ha favorecido con la incorporación de nuevas líneas aéreas y el buen comportamiento de la temporada de cruceros, con la presencia de embarcaciones de pequeño y mediano portes de diversos países.

Con un total de 12 mil 79 habitaciones en hoteles, La Habana ejecuta un amplio programa inversionista para incrementar su capacidad de alojamiento ante la creciente afluencia de turistas.

La delegada destacó la reciente inauguración del Gran Hotel Manzana Kempinski, la primera instalación de una serie de alto lujo que se estrenará en Cuba como expresión del interés de su industria turística de atraer mercados cada vez más exigentes.

Puntualizó que hoy se construyen los hoteles Packard (321 habitaciones) y Prado y Malecón (250 cuartos), cuyas aperturas están previstas para 2018 y 2019, respectivamente.

Con el objetivo de sumar nuevos cuartos, Beltrán anunció la incorporación al sistema de turismo de instalaciones que pertenecían a la Empresa de Alojamiento de La Habana, en las cuales se desarrollan acciones de remodelación para su futura comercialización bajo la marca Encanto.

En tanto, se encuentran en mejoramiento emblemáticos hoteles como Plaza, Inglaterra y el Riviera, gestionado por la cadena española Iberostar.

Declarada Ciudad Maravilla del mundo moderno, en La Habana existen más de 10 mil casas particulares con servicios de hospedaje, además de un número creciente de paladares, puntualizó Beltrán.

Según informó el Ministerio de Turismo, hasta la fecha Cuba ha recibido a más de dos millones 530 mil visitantes internacionales, lo cual augura que para este año se cumplirá la meta prevista de cuatro millones 200 mil vacacionistas.

(Con información de la ACN)

Mitos sobre la economía venezolana

– Por Pasqualina Curcio



Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La primera condición del realismo mágico, como su nombre lo indica, es que sea un hecho rigurosamente cierto que, sin embargo, parece fantástico.

Gabriel García Márquez

Muchas historias nos han contado acerca de la economía venezolana, ya forman parte de la cultura popular, tanto, que las repetimos y repetimos hasta el cansancio. En estos momentos de convocatoria a un diálogo amplio del pueblo, quizás sea importante visibilizar las líneas que dividen lo real y lo fantástico en esos cuentos que desde pequeños nos han echado.

Hemos seleccionado algunos de ellos. Aquí los narraremos nuevamente, pero con otras versiones. Ofrecemos al lector una mirada más real y menos fantástica. Nuestras versiones las hemos ilustrado con gráficos y números.

1. Venezuela es un país monoproductor. Propios y extraños suelen contar que en Venezuela solo se produce petróleo. Las cifras que publica el Banco Central de Venezuela muestran lo contrario. En promedio, del total de la producción nacional [1], el 84% corresponde a la actividad no petrolera, mientras que la diferencia, el 16%, es producción petrolera.




En el marco de la producción no petrolera, la manufactura ocupa el primer lugar con el 21%, le siguen los servicios prestados por el Gobierno General con 15,6% (estos incluyen salud, educación, orden público, seguridad y defensa, protección social); luego los servicios inmobiliarios con 13,2%; el comercio y servicios de reparación que representa el 12,6%; la construcción 8%; los servicios comunitarios 7%; la agricultura, ganadería y pesca el 6,4%; las comunicaciones 5,9%; el transporte y almacenamiento 4,6%.


Visto de esta manera, no somos un país monoproductor como siempre nos han contado. Sin embargo, lo que sí caracteriza a la economía venezolana, y que también forma parte de esta historia, es su condición monoexportadora. Alrededor del 90% son por concepto de petróleo. Exportaciones que realiza el sector público a través de la empresa Estatal Petróleos de Venezuela.


Lo relevante de esta versión de país monoexportador es la lectura o interpretación que podamos hacer, y en ese sentido, quizás el problema no radica en el hecho de que exportemos petróleo, mucho menos en el hecho de que lo haga el sector público, sino que quizás, el problema radica en el bajo desempeño de un sector privado, el cual, aunque siempre lo describen como muy eficiente, ha exportado, históricamente y en promedio, menos del 10% del total.

El 10% de exportación no petrolera ha estado conformado por la venta de productos minerales (26%); de las industrias químicas (45%); plásticos y cauchos (3%) y metales (10%) todos producidos por el sector público [2]. La exportación del sector privado no supera, en promedio, el 1% del total.

2. No producimos lo que comemos. En una narrativa repleta de fantasía nos han dicho que todos los alimentos que comemos los venezolanos son importados. En palabras coloquiales: el venezolano ni siquiera produce lo que come.

Nada más alejado de la realidad. Del total de los alimentos disponibles, el 88%, en promedio, lo han producido nuestros campesinos, ganaderos y pescadores en tierras y mares venezolanos, el 12% restante ha sido y sigue siendo importado. [3]


En Venezuela se produce el 99% de las raíces y tubérculos que se consumen, el 92% de los azúcares, el 97% de las hortalizas, el 92% de las carnes, el 99% de los huevos, el 98% de las frutas y de la leche, el 90% de los estimulantes (café y té). El 63% de los cereales son producción nacional. En este rubro, la importación que se registra es principalmente la del trigo en un 100% y la cebada malteada también en un 100%, la cual es utilizada para la producción de la cerveza, estos rubros no pueden ser producidos en Venezuela por no contar con las condiciones climáticas requeridas. El 91% de las leguminosas (caraotas, frijoles, lentejas) que consume el venezolano es importado, rubro que puede ser perfectamente producido en tierras venezolanos. También se importa el 53% de las grasas, específicamente la soja.


Quizás algunas de estas historias han servido de excusas a los grandes capitales, especialmente los que concentran la producción agroindustrial, para solicitar al Estado cada vez más divisas a tasa preferencial con el argumento de que si no tienen acceso a ellas, no podrán importarlos y por lo tanto la población padecerá hambre. También han servido para justificar el endeudamiento privado y su reconocimiento y pago por parte del Estado.

Les contamos, además, que el 50% de la producción total de alimentos procesados en la agroindustria está concentrado en el 10% del total de empresas privadas [4]. En otras palabras, la producción de alimentos procesados en Venezuela se encuentra monopolizada.

A pesar de que a veces esto no se cuenta, constituye una de las principales debilidades del modelo económico de producción en Venezuela, no solo por los efectos perversos que por naturaleza muestran los monopolios en lo que a fijación de precios y cantidades se refiere, sino sobre todo al hecho de tener que depender de unas pocas empresas que producen, importan y distribuyen un bien tan estratégico como lo es el alimento del pueblo, situación que potencia el poder de coacción que pueden ejercer estas empresas, sea por intereses económicos o por intenciones políticas, tal como ha ocurrido los últimos años en Venezuela.

La principal enseñanza de esta historia es la diferencia entre la seguridad y la soberanía alimentaria.

3. El sector público es improductivo. Cuentan también que el sector público no produce nada. Al desagregar el total de la producción por sectores institucionales, es decir, entre el público y el privado, nos damos cuenta de que, en promedio, el 34% del producto interno bruto ha sido público y el otro 66% es privado.

Las actividades del sector público en Venezuela incluyen principalmente la petrolera, los servicios prestados por el gobierno (salud, educación, transporte, defensa, orden público, seguridad, protección social), la electricidad, el agua, la minería.

Los últimos cuatro años, a pesar de la disminución de los precios del petróleo, factor determinante de los niveles de producción en Venezuela, y a pesar de las agresiones económicas contra el pueblo venezolano, en las que han sido utilizados mecanismos como por ejemplo el bloqueo financiero internacional y la inflación inducida mediante la manipulación del valor de la moneda en el mercado ilegal, la producción en el sector público registró un aumento.




La producción del sector público ha aumentado de manera sostenida desde 2003, incluyendo 2009, año en el que se registró una caída del 34% del precio del petróleo. Sin contar la actividad petrolera, la prestación de servicios por parte del gobierno general ocupa el segundo lugar de la producción después de la actividad manufacturera.

4. El sector público, contrario al privado, es ineficiente. Dicen que el Estado es ineficiente, es decir, en el sector público los trabajadores ganan un salario sin hacer nada o en el mejor de los casos, hacen poco. En cambio, las empresas privadas siempre son eficientes. Por definición, se es eficiente cuando se produce más con menos recursos. [5]

Esta historia capital y también del capital es la que ha servido para sustentar el argumento de que el Estado no debe intervenir en la economía.

En Venezuela, en promedio, la productividad laboral en el sector público, incluyendo la actividad petrolera [6], ha sido 2,5 veces mayor que la del sector privado [7]. Desde 1997 y hasta 2015, cada trabajador público produjo 8,07 millones de bolívares anuales [8], mientras que cada trabajador privado produjo 3,25 millones.

Excluyendo de los cálculos la actividad petrolera obtenemos que la productividad laboral en el sector público no solo sigue siendo 1,31 veces mayor que en el privado, sino que además, desde 2006 ha mostrado un aumento de 44%, pasando de 3,5 millones de bolívares anuales por trabajador a 5,1 millones [9]. En cambio la productividad laboral del sector privado disminuyó 14% durante el mismo período.

Estos resultados permiten reivindicar a algunos personajes de esta historia, nos referimos a los trabajadores del sector público: a los obreros de las empresas públicas; a los médicos; enfermeras; camilleros; bioanalistas; maestras de escuelas; a los que nos desempeñamos como profesores universitarios; los ingenieros y técnicos de mantenimiento de los servicios eléctricos, telefónicos y de agua; el personal de mantenimiento y limpieza; los que se ocupan de limpiar las calles y de recoger los desechos; los comunicadores; los conductores del metro, de los buses; los miembros de la policía; los integrantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana; los bomberos; los que están en el servicio diplomático; los trabajadores de la administración pública; los que administran justicia; los cocineros que preparan la comida a los niños que asisten a las escuelas; los músicos de las orquestas sinfónicas; los entrenadores deportivos; los guarda parques; los que están en los puertos y aeropuertos, quienes administran los procesos electorales, y hasta algunos diputados, en fin, todos los que desde el sector público comenzamos muy temprano la jornada diaria.

5. Solo producen las empresas privadas. Es un clásico que cualquier modo de producción distinto al privado tiene menor capacidad de producir, no solo refiriéndose al Estado, sino también a los servicios comunitarios, a las cooperativas y a las comunas.

Es el caso que desde 1999 y hasta 2015, el producto interno bruto total en Venezuela aumentó 43%. Después de las actividades financieras y de comunicaciones, la que registró mayor aumento durante ese período fue la de servicios comunitarios y sociales. En cuarto lugar está la producción de servicios del gobierno general. Las actividades agrícolas, ganaderas, manufactureras, comerciales y de transporte, principalmente en manos del sector privado, aunque también registraron aumentos desde 1999, estos han sido de menor magnitud.


Al parecer, no solo los modos de producción privados tributan a la generación de valor agregado en la economía. La propiedad estatal, como ya contamos, no solo ocupa el segundo lugar de mayor producción, no solo ha crecido los últimos años a pesar de la caída del precio del petróleo, sino que además muestra una alta productividad laboral. La producción de propiedad social ha sido una de las actividades económicas que registró mayor aumento los últimos años y por lo tanto contribuyó en mayor medida al producto interno bruto.

El reconocimiento constitucional de otros modos de producción que acompañen el ya establecido modo privado, constituiría un avance importante en la democratización de la producción y en la disminución de la dependencia de pocas, pero muy grandes empresas que en muchos sectores monopolizan la producción, importación y distribución de bienes y servicios.

6. A partir de 1999 cayó la producción privada. Cuentan en las calles y especialmente en algunos medios de comunicación que desde 1999 fue desmantelada la empresa privada, que las políticas económicas enmarcadas en un modelo de igualdad y de justicia social han generado desconfianza y desincentivo a los inversionistas. Completan el cuento diciendo que los controles de precios, el control del mercado cambiario y la supuesta falta de divisas les ha impedido producir.

Es parte de la ficción: la producción en el sector privado aumentó en promedio 35% desde 1999.

Todas las actividades económicas en manos del sector privado registraron incrementos. Por ejemplo, la actividad de las instituciones financieras y de seguros, principalmente privada, aumentó 375% durante el mismo período; el comercio, 64%; el transporte y almacenamiento, 46%; las comunicaciones 332%; la agricultura, ganadería y pesca, 27%; la manufactura, 12%; servicios inmobiliarios, 50%.

Adicionalmente, no solo ha aumentado el producto interno bruto del sector privado, la tasa de rentabilidad del capital ha registrado un incremento sostenido desde 2003, ubicándose para el año 2008 [10] en los niveles históricos más altos desde 1970, es decir, 22%.


Quién sabe, quizás quienes repiten esta historia, lo hacen para justificar la vuelta a un modelo económico neoliberal en el que no se controlen los precios de los bienes esenciales producidos por grandes monopolios, o que se congelen los salarios, o se privaticen los servicios públicos, o para que, los pocos dueños de grandes capitales, incluyendo el sistema bancario y financiero se apropien de las divisas obtenidas por la exportación de petróleo.

7. No se produce porque el gobierno expropió todas las empresas privadas. El mito de que el gobierno expropió casi todas las empresas privadas es otro de los que desde hace algunos años se escucha.

De las 28.222 unidades económicas correspondientes a la actividad industrial, solo el 1,2% está en manos del sector público, es decir, 363, mientras que el 98,71% restante pertenece al sector privado. En cuanto a las unidades económicas relacionadas con la actividad del comercio, el sector público cuenta con 294 de las 243.444 totales, es decir, solo el 0,12%, el 99,87% restante de las unidades correspondientes a esta actividad pertenecen al sector privado. De la misma manera, la actividad servicios corresponde en 0,88% al sector público, es decir, 943 unidades de las 111.333 totales, el resto pertenecen al sector privado. [11]


8. Solo vivimos de la renta petrolera. Empleando el realismo mágico como recurso literario, propio de la literatura hispanoamericana, el cuento mejor elaborado, más leído, más contado y más escuchado, dentro y fuera de nuestras fronteras, es que los venezolanos somos todos unos flojos, que no trabajamos. Que vivimos de la renta petrolera.

Para visibilizar la línea entre lo real y lo fantástico en este cuento, es fundamental conocer muy bien a los personajes y el papel que representan. Hay dos protagonistas: los dueños del capital, mejor dicho, los dueños de los grandes capitales (son pocos y no todos venezolanos) y los dueños de la fuerza de trabajo (son mayoría y casi todos venezolanos). En algunos manifiestos que recorrieron Europa cual fantasmas, a estos personajes también se les llamó burgueses y proletarios.

Es un hecho rigurosamente cierto que existe una apropiación de la renta petrolera en Venezuela. Lo que resulta fantástico es que seamos todos los venezolanos quienes, sin trabajar, nos apropiamos de ella.

Contaremos otra versión, en la que demostraremos con datos e ilustraremos con gráficos cuál de los dos protagonistas se ha apropiado, históricamente y en mayor proporción, no solo de la renta petrolera, sino del valor agregado a la economía. También contaremos cómo lo ha hecho.

Esta historia es la que mejor representa el discurso hegemónico que busca invisibilizar el principal problema del actual modelo económico venezolano: el uso, la distribución y la apropiación de la riqueza, incluida la renta petrolera. Con base en nuestra lectura de la realidad, este aspecto constituye lo medular, lo que en esencia debe ser cambiado y superado del llamado modelo rentista petrolero.

Lo contaremos en la próxima entrega.

Notas y referencias[1] Se utiliza el producto interno bruto, indicador que mide todos los bienes y servicios que se producen en una economía en un período determinado, por lo general en un año. [2] Instituto Nacional de Estadística. Sistema de Consulta de Comercio Exterior. Cifras disponibles desde 1950. Hemos tenido acceso a la información desde 1980. [3] Son datos de la Hoja de Balance de Alimentos, instrumento utilizado desde 1950 por el Instituto Nacional de Nutrición para mostrar la información de la disponibilidad de alimentos (producción, importación y exportación).[4] Cifra correspondiente al año 2011, tomado de la Encuesta de Grandes Empresas Industriales de diciembre de 2013, publicada por el Instituto Nacional de Estadística. [5] En el caso de la eficiencia o productividad laboral, esta se calcula dividiendo el total de la producción entre el número de trabajadores. [6] Resulta al dividir el producto interno bruto del sector público entre el número de trabajadores del sector. [7] Cálculo desde 1997 hasta 2015. [8] Año base 1997. [9] Bolívares de 1997. [10] Disponemos hasta 2008 debido a que esta información fue tomada del trabajo de Baptista Asdrúbal, Bases Cuantitativas de la Economía Venezolana, cuyos datos se muestran hasta ese año. [11] Instituto Nacional de Estadística. IV Censo económico 2007-2008. http://www.ine.gov.ve/documentos/Economia/IVCensoEconomico/pdf/InformeIVCE.pdf

(*) Economista.